FINAL DE AÑO DE ESCANDALO

Se termina el 2006 y sin duda, como la mayoría de los finales de año en Colombia, este pasará a la historia por no ser un año común. Suele decirse que cada día trae su afán, pero este año, todos los días se excedieron en los afanes generados por los escándalos nacidos desde los 3 poderes del poder público.

Y es que ninguno ha pasado desapercibido y sin mas ni mas, los colombianos tuvimos que soportar la verguenza de un país cada vez mas descompuesto. Ya no sólo basta con la fragilidad del tejido social. Una estructura basada en las grandes desigualdades e injustas relaciones sociales en donde existen ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría. Un colectivo contaminado por deficientes valores éticos, culturales, solidarios. Una sociedad minada por delincuentes y abusadores en donde la idea general es sacarle partido al otro.

Este año que finaliza, dice haber registrado el mayor crecimiento económico de todos los tiempos. Un crecimiento económico que solo se ve en las cifras de las grandes empresas, los bancos, los constructores y los pocos que apretan en sus manos el dinero, porque para mas del 60% de la población, ese crecimiento económico es inverso al punto que no tienen con que comer, ni donde vivir o si lo hacen, es en condiciones no dignas. Los colombianos de a pié seguimos por el camino de la desigualdad.

El Gobirno nacional da cuenta de su éxito por no moverse ni un punto en las encuestas de popularidad y el apoyo ciudadano pese a los escándalos de sus evidentes nexos con los paramilitares. Muestra por demás, su frialdad para tratar el tema del intercambio humanitario y ni se entera frente a la filtración del narcotráfico y la corrupción en todos los estamentos de la mafia narcoparamilitar que fue el campeón de los escándalos durante el 2006. En términos generales, el Ejetutivo se disculpa en la descentralización administrativa para no responder por la actuación de alcaldes y gobernadores corruptos, e incluso de sus propios funcionarios que continuaron la política de apoyo y ayuda a los paras, pero protegiendo al su santidad Uribe. El elefante nunca había sido mas grande y hoy es un Mamut.


Un Congreso que pasó a pupitraso limpio las mas importantes leyes y reformas al régimen normativo colombiano, ante la incapacidad de dar debates honestos por tener que defender su imagen y hacer el "me aculpa" por la cantidad de integrantes paramilitares y narcos dentro de sus filas. El legislativo no soportó la presión de la opinión pública y un computador travieso los dejó al descubierto. Si bien los paras ingresaron al poder público, lo lograron a través de los débiles y aún mas corruptos partidos políticos.

Es precisamente, esos partidos políticos los que tratan al país y a sus ciudadanos con las tácticas pueblerinas que utilizan al ciuadadano y lo ven como ignorante, afianzando a sus gamonales de pueblo y supuestos líderes a través de las prácticas mas corruptas. En ellos se mimetizaron los paramilitares y narcotraficantes. Lo triste es que su presencia está de alguna manera en todos los partidos aunque se acusen y disculpen mutuamente por acoger a estos bandidos. Los que dicen que son de izquierda, nunca han tenido reparos en recibir en sus filas a la otra peste y lacra social de nuestros tiempos como los son guerrilleros y exguerrilleros cuyos asesinatos no fueron mejores que los que los paramilitares han realiazado: Un colombiano asesinado es una vida humana aniquilada si importar las razones de izquierda o de derecha.

Que no venga Petro a decir que es mejor persona que Mancuso. Los dos son asesinos y responsables morales de los asesinatos cometidos por sus grupos. No es gratuito que el de ultraderecha llame al de ultraizquierta desde una cárcel para que lo defienda.

El poder judicial -cuya esperanza en su cegera y cojera nos alienta para pensar que existe un país ideal- también claudicó ante el avance de la mafia por las instituciones democraticas, al punto de ser bajo sus faldas, en donde se vió el nexo de la mafia italiana y la narcopramilitar de nuestro país.

El dolor de patria es cada vez mas fuerte. Se ensaña contra la integridad de quienes aun pensamos en que nuestro país tiene salvación y quienes estamos seguros que Colombia tiene los gobernantes que no se merece, porque es absolutamente mejor país que quienes ostentan el poder. Este dolor es comparable con el puñal a fondo enterrado por quienes manipulan la mente de este pueblo inocente e ingenuo.

Como si fuera poco, lo que quedaba en nuestro estado de derecho como una idea esperanzadora como el ministerio público, también encuetra que sus directivos tienen esos mismos vículos con los paras que tanto odiamos.

Pero no para ahí. La fuerza pública. La encargada de defender los vida, bienes y honra de los ciudadanos también está en la moda narcoparamilitar. Los escándalos de los falsos operativos tienen el propósito de mostrar una efectividad de un estado paraco que no la tiene. Militares asociados con el narcotráfico asesinan a Policías. Policías protegen a narcos y roban drogra para devolverla. Ex-policias y ex-militares se desmovilizan de los grupos paras que adistraban. Ni la fuerza pública se salvó del escándalo.

Repito, no es mejor un bando que otro. Ninguno de los de izquierda ni los de derecha pueden decir que son mejores. Ninguno puede lanzar la primera piedra. Están cortados con la misma tijera clientelista, amiguista y corrupta. Este año tiene un final de escándalo y lo triste es que muestra el camino que contunua en el siguiente.

El pecado está en que la población colombiana tiene un alto nivel de resistencia y tolerancia y no se manifiesta en su derecho de exigir que todo esto termine. Hago un no muy exigente análisis y recuerdo que esto se debe a que es parte de la naturaleza del ser colombiano y que la mayoría de las personas tienen dentro de su formación tradicional la corrupción y que por ello vemos elevado a la enécima potencia en nuestras instituciones este problema.

Recuerdo los tristes comportamientos generalizados y que es del común sacar ventaja en los negocios, pedir comisiones, meterse en las fila, sobornoar, evitar impuestos, hacer negocios por debajo, no pagar el bus, buscar favores, perir recomendaciones, utilizar palancas y roscas, no respetar las señales de tránsito, inventar disculpas. Leo los titulares de la prensa y todos los días encuentro las noticias sobre delincuencia, robos, asaltos, timadores, falsificadores, bandas y demás. Y los colombianos no decimos nada. La razón? No tenemos autoridad moral para juzgar y es entonces como alimentamos nuestra resistenica, nuestra tolerancia y hacemos gala de nuestra ingenuidad.

Pero todo nos deja una enseñanza al mejor estilo de Apolinar Salcedo, alcalde de Cali: Amanecerá y veremos y tal vez no se pueda ver.

0 Comments:

Post a Comment